domingo, 14 de agosto de 2011

Apicultura Urbana


Apicultura urbana, el último gran movimiento ecológico

ISon21

Un interesante artículo publicado en el diario The Guardian se ocupa de la fiebre apicultora que se extiende por muchas ciudades del mundo. Azoteas de edificios, parques, escuelas, áticos o incluso lugares emblemáticos como el palacio de Backingham o la Tate Gallery son ahora sitios para las abejas.
En solo tres años, el número de socios de la asociación británica de apicultores se ha duplicado, con más de 20.000 jóvenes urbanitas dispuestos a entregar lo mejor de su tiempo libre a este nuevo y vibrante movimiento ecológico.
Camilla Goddard, de 38 años, encarna el espíritu del nuevo apicultor. Con mentalidad eco-consciente y urbana, cuida personalmente de sus colmenas en el campus universitario y las de la cubierta de una empresa de cosméticos en Covent Garden, en el centro de Londres, como pequeña contribución para salvar el planeta.
“Con una sola colmena se introducen 50.000 polinizadores capaces de producir un enorme impacto en el entorno urbano. Me gusta la idea de hacer algo bueno a nivel individual y comprobar rápidamente los resultados, cosa que no ocurre con la mayoría de las cosas malas que hacemos al planeta”.
Tras levantarse una prohibición en 2010, Nueva York tiene más de 100 personas cuidando colmenas en parques y cubiertas de edificios de oficinas o restaurantes. “Es una forma especial de conectarse con la naturaleza”, confiesa Vivian Wang, una joven abogada de 27 años que cuida las colmenas en la azotea de un edificio de 12 plantas en pleno centro de Manhattan.
En Melbourne, Australia, la asociación de apicultores ya está completa con 160 miembros, viéndose obligada a rechazar nuevas solicitudes. El año pasado, a una asociación de apicultores del norte de Londres le pasó lo mismo, tuvo que parar de admitir socios llegando a los 170 miembros. En Berlin también hay colmenas en el parlamento, en la catedral y en el planetario, siguiendo el ejemplo de la azotea de la Ópera de París, que las tiene desde hace 20 años.
Vía :: The Guardian